Siete herramientas para una sola clínica
Una agenda por un lado. Las historias en carpetas, o en un procesador de textos. La facturación en otro programa que no habla con nadie. Los recordatorios, desde el celular personal de quien estuviera en recepción. Y una hoja de cálculo haciendo de pegamento entre todo lo demás. Funcionaba, sí: a base de que alguien se acordara de todo.